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Orsay

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Ninfeas Azules

Claude Monet. Entre 1916 y 1919.

Se podría decir que Monet siempre estuvo conectado con el agua de una manera especial. Comenzó pintando la famosa roca de la costa de Étretat en Normadía, realizó innumerables pinturas del Sena en París, y terminó su vida pintando los nenúfares de su jardín en Giverny.

Monet vivió sus últimos 16 años en este jardín, el cual diseño y construyó para tener lagunas y flores, como los nenúfares, que no son típicos de la zona y que nos recuerdan poderosamente las estampas japonesas que tanto inspiraron a los impresionistas. El pintor declaró que él no servía para nada más que para pintar y para la jardinería.

La perspectiva que utiliza Monet en la serie de los nenúfares y ninfeas es eliminando el horizonte, por lo que no hay cielo y en algunos de los cuadros el observador sólo ve el reflejo de las flores y árboles en el estanque. También llama la atención el uso de un formato cuadrado para la tela, y que la distribución de las flores es más o menos homogénea, por lo que no se provoca un punto de atención en particular, como si lo que estamos viendo fuera sólo una parte de una imagen más amplia. La expresión del color es extraordinaria y la pincelada muy audaz, todo lo cual nos muestra como al final de su vida Monet estaba creando un lenguaje pictórico mucho más moderno.

Monet, quien fue un trabajador incansable en sus últimos años, declaró “Estoy completamente absorbido por mi trabajo. Estos paisajes de agua y los reflejos se han convertido en una obsesión. Están más allá de la fuerza de un hombre viejo, y sin embargo estoy decidido a poner por escrito lo que siento. He destruido algunos, he empezado otros otra vez y espero que algo saldrá de tanto esfuerzo.”

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