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Vatican Museums

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Apolo de Belvedere

La obra, que data de mediados del siglo II d.C., se considera hoy una copia romana de un original griego, realizado entre los años 330 y 320 a.C. por Leocares, uno de los artistas que trabajaron en el Mausoleo de Halicarnaso. Hasta ahora no se ha podido establecer su autor. Representa al Dios Apolo, y fue fuente de inspiración para grandes artistas, se dice que el Mismo Miguel Ángel, se inspiró en esta obra para reproducir una escultura del dios Baco.

Apolo fue uno de los dioses más importantes y populares de la mitología griega. Uno de los doce olímpicos, era hijo de Zeus y Leto, y hermano gemelo de Artemisa. Sus atributos y funciones eran innumerables, lo que lo tornó uno de los dioses más venerados de la Antigua Grecia, preservando su prestigio también en la era romana. Era identificado con el sol y con la luz de la verdad, de la razón y de la conciencia. Además de eso era el dios de la belleza, de la perfección, de la armonía y del equilibrio.

De dimensiones ligeramente por encima de lo natural, el Apolo de Belvedere está en actitud dinámica, como si caminara. Se apoya en la pierna derecha, que viene hacia adelante y se apoya sobre el tronco de un árbol en el cual trepa una serpiente, mientras que la izquierda, ligeramente flexionada, está atrás. Calza sandalias y tiene un cuerpo atlético, pero de moldeado suave, está desnudo; es todavía joven, pero ya es un hombre adulto, como muestra su semblante impasible; sin embargo, permanece impúber como una imagen de belleza y juventud eternas.

La fama del Apolo en la Antigüedad es desconocida. De cualquier modo, desde que fue nuevamente expuesto en público fue aclamado como una obra-prima, e inmediatamente revestido de significado político. El propio papa hacía frecuentes alusiones al dios sol de la mitología griega y a la estatua en particular, estableciendo una íntima asociación simbólica con ella. Recuerde que durante este período, el Renacimiento, la tradición clásica se había fortalecido mucho, convirtiéndose parte importante del lenguaje de la erudición y sirviendo a los poderosos como instrumento de auto glorificación. Su prestigio continuó creciendo durante el siglo XVII, dada la influencia que tuvo en Bernini, el escultor más célebre del barroco, y reforzado en el siglo XVIII entre los artistas neoclásicos, los anticuarios y los filósofos iluministas. Su visita era obligatoria para los que hacían el Grand Tour Europeo, siendo muchas veces presentado como la coronación de un itinerario artístico espiritual, una epifanía más allá de la cual nada más necesita ser visto.

La obra maestra ha despertado también la codicia de Napoleón Bonaparte, que la confiscó del Vaticano en 1797, llevándola para Francia. Fue recibida en París al año siguiente con una parada triunfal y mucha propaganda del gobierno, siendo instalada en el Museo Central de Artes (el futuro Museo del Louvre) en 1800 como el mayor trofeo del conquistador. En este ínterin, Antonio Canova, el gran exponente de la escultura neoclásica, había creado con la inspiración de la obra antigua su Perseo con la cabeza de la Medusa, adquirido por el Papa Pío VII en sustitución de la reliquia robada y sobrenombrada como "El consolador", ya que la pérdida había sido muy lamentada por los italianos. En 1815 la obra fue devuelta al Vaticano por el mismo Canova, que negoció con los franceses en nombre del Papa la repatriación de varios tesoros.

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